Uno de los conceptos a los que en el ámbito político y
social son objeto de mayor reivindicación es el de salario mínimo. Con
frecuencia distintas personas y organizaciones reclaman un incremento de dicho
salario, así como los políticos presumen cada vez que aprueban dicho
incremento. En principio, el salario mínimo es algo positivo, algo que los
hombres de bien deben defender y que beneficia a las personas con menos
recursos económicos, logrando así que estas personas salgan de la pobreza. Sin
embargo, cuando analizamos económicamente el concepto de salario mínimo tal
como lo establece la legislación, llegamos a una conclusión totalmente opuesta
a la anterior: el salario mínimo es algo negativo, que perjudica especialmente
a las personas con menos ingresos y que las impide prosperar.
El salario mínimo
El concepto de salario mínimo es muy sencillo:
es una
cantidad fija de dinero (diaria, mensual o anual) por debajo de la cual el
Estado prohíbe contratar a una persona para realizar un trabajo en determinadas
condiciones establecidas en la legislación laboral. Esto no quiere decir que el
salario mínimo sea el coste mínimo obligatorio para contratar a un trabajador,
pues dicho coste es superior ya que el salario mínimo es la cantidad que ha de
recibir el trabajador y no incluye otros costes obligatorios establecidos por
la legislación como las cotizaciones y los impuestos. Tampoco es una cantidad
absolutamente fija, sino relativamente fija, esto es, el salario mínimo se fija
para un determinado tiempo diario de trabajo (conocido como “jornada completa”)
y si el contrato contempla una duración de trabajo diaria menor la cantidad de
salario mínimo se reducirá proporcionalmente.
Como puede observarse, el de salario mínimo es un concepto
que no presenta ninguna dificultad a la hora de ser comprendido incluso para
quien no tenga noción alguna de Economía. Sin embargo, dado que el salario
mínimo no deja de ser un salario, para conocer los efectos del mismo hemos de
analizar cómo se forman los salarios, de qué dependen, qué influye en su
variación, etc. Es lo que se conoce como “teoría del salario”, y pese a que su
complejidad no es grande, sí que requiere un mínimo conocimiento en
Economía para ser comprendida y asimilada.
Teoría del salario
A pesar de que hablemos de teoría del salario como algo
específico, en realidad
al analizar lo que ocurre con el salario lo que estamos
haciendo es lo que ocurre con los precios en general, pues en realidad
el
salario no es más que un precio más, en concreto el salario es el precio de la
actividad o trabajo desarrollado regularmente por una persona para otra.
Es por ello que
el salario está sujeto a las mismas leyes
económicas que cualquier otro precio, se comporta exactamente igual que el
resto, y por tanto para analizar cómo se forma el salario, qué determina su
cuantía, etc. nos bastará con analizar cómo se forman los precios en general y
qué factores influyen en ello.
Los precios se establecen en función de la denominada “ley
de la oferta y la demanda”. Según dicha ley, el precio de un bien (entendiendo
bien como cualquier cosa, no tiene por qué ser un objeto físico) variará en
función de las cantidades ofertadas y demandadas de dicho bien. Una mayor
cantidad ofertada abaratará el precio del bien mientras que una mayor cantidad
demandada lo encarecerá, y viceversa. Así pues,
el precio de todo bien se
establece en función de la relación existente entre su oferta y su demanda. Hay
que tener siempre presente que la oferta y la demanda no solo varían en el
tiempo sino también en el espacio: lo que puede ser fuertemente demandado en
una zona puede no serlo en otra (y lo mismo ocurre con la oferta) provocando
por tanto precios dispares para un mismo producto según el lugar donde se
encuentre.
La ley de la oferta y la demanda es una ley económica
inmutable, es a la economía lo que la ley de la gravedad a la física. Por
tanto, ningún gobierno puede suprimirla o modificarla. La consecuencia de ello
es que cuando un gobierno legisla para modificar los precios de un determinado
bien lo que sucede es que las cantidades ofertadas y/o demandadas tendrán que
ajustarse para dar como resultado un nuevo precio compatible con el establecido
por la legislación. Dicho ajuste, al realizarse fuera del mercado por
imperativo legal, supone una distorsión en la actividad económica altamente contraproducente.
El salario mínimo no es otra cosa que
la imposición por
parte del Estado de un precio mínimo a los servicios de trabajo, y por tanto su
implantación conlleva un ajuste artificial de la cantidad ofertada y demandada
de los mismos. Para ver qué sucede exactamente cuando se impone un salario
mínimo, veámoslo gráficamente:
Ésta es la situación normal, previa a la implantación del
salario mínimo. El precio se sitúa en el punto donde las curvas de oferta y de
demanda se cruzan.
Veamos ahora qué ocurre tras la imposición de un salario mínimo cuya cuantía es superior a la de mercado (P1 en la gráfica):

Tras la fijación de un salario mínimo cuyo precio (P2) es
superior al de mercado (P1) las curvas de oferta y demanda deben ajustarse al
nuevo precio. Para ello hay tres posibilidades: que la demanda aumente, que la
oferta disminuya o una combinación de ambas. Como la demanda de trabajadores no
puede aumentar artificialmente el ajuste se realiza exclusivamente por el lado
de la oferta: ésta sufre una reducción artificial hasta situarse en O2. El
resultado de esto es que el aumento artificial del precio (de P1 a P2) conlleva
una reducción de los puestos de trabajo (de Q1 a Q2). Dado que el número de
trabajadores (oferta real) es el mismo que antes, la reducción artificial de la
oferta lo que genera es que haya un determinado número de trabajadores que
pierdan su puesto de trabajo. Es decir: una parte de los trabajadores ve
aumentado su salario a costa de otra parte que ve cómo se queda sin puesto de
trabajo (y por tanto, sin percibir salario alguno). Vemos como los resultados
de aplicar un salario mínimo son justos los contrarios con los que sus defensores
justifican su implantación (proteger a los menos pudientes, disminuir las
desigualdades, etc.).
Hay que tener presente que esto únicamente ocurre cuando el
salario mínimo es superior al precio de mercado. Cuando el salario de mercado
de un determinado puesto de trabajo es superior al salario mínimo (en el ejemplo
de la gráfica, si P2 fuese inferior a P1) la implantación del salario mínimo no
tendría ningún efecto. Por ello, cuando mayor sea el salario mínimo peores
serán las consecuencias. Seguramente esto los políticos y sus asesores técnicos
lo sepan, pues a ninguno se le ocurre la disparatada idea de subir el salario mínimo a niveles altos,
cuando siendo fieles a su opinión sobre el mismo deberían hacerlo.
Conclusión
Resumiendo,
el salario mínimo es el precio mínimo del trabajo regular que una
persona realiza para otra que el Estado impone legalmente. Dado
que
el precio depende siempre de la oferta y la demanda, éstas
se tendrán que
ajustar de acuerdo al nuevo precio si éste es superior al de mercado, y dado
que la demanda no puede ajustarse
es la oferta la que se reduce artificialmente
provocando que una cantidad de trabajadores pierdan su puesto de trabajo.