viernes, 19 de octubre de 2012

El engaño del salario mínimo


Uno de los conceptos a los que en el ámbito político y social son objeto de mayor reivindicación es el de salario mínimo. Con frecuencia distintas personas y organizaciones reclaman un incremento de dicho salario, así como los políticos presumen cada vez que aprueban dicho incremento. En principio, el salario mínimo es algo positivo, algo que los hombres de bien deben defender y que beneficia a las personas con menos recursos económicos, logrando así que estas personas salgan de la pobreza. Sin embargo, cuando analizamos económicamente el concepto de salario mínimo tal como lo establece la legislación, llegamos a una conclusión totalmente opuesta a la anterior: el salario mínimo es algo negativo, que perjudica especialmente a las personas con menos ingresos y que las impide prosperar.


El salario mínimo

El concepto de salario mínimo es muy sencillo: es una cantidad fija de dinero (diaria, mensual o anual) por debajo de la cual el Estado prohíbe contratar a una persona para realizar un trabajo en determinadas condiciones establecidas en la legislación laboral. Esto no quiere decir que el salario mínimo sea el coste mínimo obligatorio para contratar a un trabajador, pues dicho coste es superior ya que el salario mínimo es la cantidad que ha de recibir el trabajador y no incluye otros costes obligatorios establecidos por la legislación como las cotizaciones y los impuestos. Tampoco es una cantidad absolutamente fija, sino relativamente fija, esto es, el salario mínimo se fija para un determinado tiempo diario de trabajo (conocido como “jornada completa”) y si el contrato contempla una duración de trabajo diaria menor la cantidad de salario mínimo se reducirá proporcionalmente.

Como puede observarse, el de salario mínimo es un concepto que no presenta ninguna dificultad a la hora de ser comprendido incluso para quien no tenga noción alguna de Economía. Sin embargo, dado que el salario mínimo no deja de ser un salario, para conocer los efectos del mismo hemos de analizar cómo se forman los salarios, de qué dependen, qué influye en su variación, etc. Es lo que se conoce como “teoría del salario”, y pese a que su complejidad no es grande, sí que requiere un mínimo conocimiento en Economía para ser comprendida y asimilada.


Teoría del salario

A pesar de que hablemos de teoría del salario como algo específico, en realidad al analizar lo que ocurre con el salario lo que estamos haciendo es lo que ocurre con los precios en general, pues en realidad el salario no es más que un precio más, en concreto el salario es el precio de la actividad o trabajo desarrollado regularmente por una persona para otra.

Es por ello que el salario está sujeto a las mismas leyes económicas que cualquier otro precio, se comporta exactamente igual que el resto, y por tanto para analizar cómo se forma el salario, qué determina su cuantía, etc. nos bastará con analizar cómo se forman los precios en general y qué factores influyen en ello.

Los precios se establecen en función de la denominada “ley de la oferta y la demanda”. Según dicha ley, el precio de un bien (entendiendo bien como cualquier cosa, no tiene por qué ser un objeto físico) variará en función de las cantidades ofertadas y demandadas de dicho bien. Una mayor cantidad ofertada abaratará el precio del bien mientras que una mayor cantidad demandada lo encarecerá, y viceversa. Así pues, el precio de todo bien se establece en función de la relación existente entre su oferta y su demanda. Hay que tener siempre presente que la oferta y la demanda no solo varían en el tiempo sino también en el espacio: lo que puede ser fuertemente demandado en una zona puede no serlo en otra (y lo mismo ocurre con la oferta) provocando por tanto precios dispares para un mismo producto según el lugar donde se encuentre.

La ley de la oferta y la demanda es una ley económica inmutable, es a la economía lo que la ley de la gravedad a la física. Por tanto, ningún gobierno puede suprimirla o modificarla. La consecuencia de ello es que cuando un gobierno legisla para modificar los precios de un determinado bien lo que sucede es que las cantidades ofertadas y/o demandadas tendrán que ajustarse para dar como resultado un nuevo precio compatible con el establecido por la legislación. Dicho ajuste, al realizarse fuera del mercado por imperativo legal, supone una distorsión en la actividad económica altamente contraproducente.

El salario mínimo no es otra cosa que la imposición por parte del Estado de un precio mínimo a los servicios de trabajo, y por tanto su implantación conlleva un ajuste artificial de la cantidad ofertada y demandada de los mismos. Para ver qué sucede exactamente cuando se impone un salario mínimo, veámoslo gráficamente:


Ésta es la situación normal, previa a la implantación del salario mínimo. El precio se sitúa en el punto donde las curvas de oferta y de demanda se cruzan.

Veamos ahora qué ocurre tras la imposición de un salario mínimo cuya cuantía es superior a la de mercado (P1 en la gráfica):


Tras la fijación de un salario mínimo cuyo precio (P2) es superior al de mercado (P1) las curvas de oferta y demanda deben ajustarse al nuevo precio. Para ello hay tres posibilidades: que la demanda aumente, que la oferta disminuya o una combinación de ambas. Como la demanda de trabajadores no puede aumentar artificialmente el ajuste se realiza exclusivamente por el lado de la oferta: ésta sufre una reducción artificial hasta situarse en O2. El resultado de esto es que el aumento artificial del precio (de P1 a P2) conlleva una reducción de los puestos de trabajo (de Q1 a Q2). Dado que el número de trabajadores (oferta real) es el mismo que antes, la reducción artificial de la oferta lo que genera es que haya un determinado número de trabajadores que pierdan su puesto de trabajo. Es decir: una parte de los trabajadores ve aumentado su salario a costa de otra parte que ve cómo se queda sin puesto de trabajo (y por tanto, sin percibir salario alguno). Vemos como los resultados de aplicar un salario mínimo son justos los contrarios con los que sus defensores justifican su implantación (proteger a los menos pudientes, disminuir las desigualdades, etc.).

Hay que tener presente que esto únicamente ocurre cuando el salario mínimo es superior al precio de mercado. Cuando el salario de mercado de un determinado puesto de trabajo es superior al salario mínimo (en el ejemplo de la gráfica, si P2 fuese inferior a P1) la implantación del salario mínimo no tendría ningún efecto. Por ello, cuando mayor sea el salario mínimo peores serán las consecuencias. Seguramente esto los políticos y sus asesores técnicos lo sepan, pues a ninguno se le ocurre la disparatada idea de subir el salario mínimo a niveles altos, cuando siendo fieles a su opinión sobre el mismo deberían hacerlo.


Conclusión

Resumiendo, el salario mínimo es el precio mínimo del trabajo regular que una persona realiza para otra que el Estado impone legalmente. Dado que el precio depende siempre de la oferta y la demanda, éstas se tendrán que ajustar de acuerdo al nuevo precio si éste es superior al de mercado, y dado que la demanda no puede ajustarse es la oferta la que se reduce artificialmente provocando que una cantidad de trabajadores pierdan su puesto de trabajo.